Archive for the ‘Lecturas Motivadoras’ Category

Lecturas Motivadoras

septiembre 4, 2010

COMPRAR LA VERDAD

El hombre estaba sorprendido. Pensó que era un nombre de fantasía, pero no pudo  imaginar qué vendían. Entró, se acercó a la señorita que estaba en el primer mostrador y preguntó:… -Perdón, ¿ésta es la tienda de la verdad?

-Sí señor, ¿Qué tipo de verdad anda buscando: Verdad parcial, verdad relativa, verdad estadística, verdad completa?                

Mmmmmm…. Así que aquí vendían verdad.

Nunca se había imaginado que eso era posible, llegar a un lugar y llevarse la verdad, era maravilloso.

Verdad completa, contestó el hombre sin dudarlo. “Estoy tan cansado de mentiras y de falsificaciones” pensó, “No quiero más generalizaciones, No justificaciones, engaños ni defraudaciones. -Verdad plena – ratificó –

Bien, señor, sígame. La señorita acompañó al cliente a otro sector y señalando un vendedor de rostro adusto, le dijo: -El señor lo va a atender.

El vendedor se acercó y espero que el hombre hablara.

-Vengo a comprar la Verdad Completa.   

-Ah, perdón, ¿el señor sabe el precio?  

-No, cuál es?

– contestó rutinariamente. En realidad, él sabía que estaba dispuesto a pagar lo que fuera por toda la verdad.

Si usted se la lleva – dijo el vendedor el precio es que nunca más podrá estar en paz.

Un frío corrió por la espalda del hombre, nunca había imaginado que el precio fuera tan grande. -Gra… gracias, disculpe… – balbuceó.

Se dio vuelta y salió del negocio mirando el piso. Se sintió un poco triste al darse cuenta de que todavía no estaba preparado para la verdad absoluta, de que todavía necesitaba algunas mentiras donde encontrar descanso, algunos mitos e idealizaciones en los cuales refugiarse, algunas justificaciones para no tener que enfrentarse consigo mismo. “Quizás más adelante”, pensó.

Objetivo: Prepararse para la verdad absoluta, pues todavía necesitamos algunas mentiras donde hacer descansar, los mitos e idealizaciones en los cuales nos refugiamos, algunas justificaciones para no tener que enfrentarse con uno mismo.

 

Leyenda de la Cueva

Cuenta la leyenda que una mujer pobre con un niño en los brazos, pasando delante de una caverna escuchó una voz misteriosa que le decía: “Entra y toma todo lo que desees, pero no te olvides de lo principal. Recuerda algo: después que salgas, la puerta se cerrará para siempre. Por lo tanto, aprovecha la oportunidad, pero no te olvides de lo principal…”

La mujer entró en la caverna y encontró muchas riquezas.

Fascinada por el oro y por las joyas, puso al niño en el piso y empezó a juntar, ansiosamente, todo lo que podía en su delantal.

La voz misteriosa habló nuevamente: “Tienes sólo ocho minutos”.

Agotados los ocho minutos, la mujer cargada de oro y piedras preciosas, corrió hacia fuera de la caverna y la puerta se cerró…

Recordó, entonces, que el niño quedó allá y la puerta estaba cerrada para siempre. La riqueza duró poco y la desesperación, siempre. Lo mismo ocurre, a veces, con nosotros.

Tenemos unos ochenta años para vivir en este mundo, y una voz siempre nos advierte: “¡No te olvides de lo principal!” Y lo principal son los valores espirituales, la oración, la vigilancia, la familia, los amigos, la vida. Pero la ganancia, la riqueza, los placeres materiales nos fascinan tanto que lo principal siempre se queda a un lado…

Así agotamos nuestro tiempo aquí, y dejamos a un lado lo esencial: “¡Los tesoros del alma!”.

Que jamás nos olvidemos que la vida en este mundo pasa rápido y que la muerte llega de inesperado. Y que cuando la puerta de esta vida se cierra para nosotros, de nada valdrán las lamentaciones.

“No esperes el dolor para hacer una oración”

Águilas, gorriones y gallinas

 Sucedió en los Pirineos. Con Federico y otros amigos escalaba una montaña alta, quebrada y difícil. Hacia la mitad sentimos la fatiga del esfuerzo. Decidimos descansar. Desde allí admirábamos la grandeza de aquellos valles enormes. Desde la altura descubrimos una casa de campo. Junto a ella comían unas gallinas. Algunas daban pequeños saltos; otras lograban vuelos muy cortos. Cerca de nosotros, unos gorriones subían más arriba de los pinos. De repente, a lo lejos, aparecieron dos águilas. Con sus  grandes alas extendidas ascendían a las cimas más altas. “¡Qué gran diferencia!”, comentamos. Las aves de corral apenas eran capaces de volar unos metros. Los gorriones sólo lograban las pequeñas alturas, Las águilas conquistaban las cumbres más elevadas.

Las personas son como las aves. Algunas dan saltos de gallina: sólo hacen lo fácil y lo que les gusta. Son los cómodos, los cobardes, los incapaces de vencer los obstáculos; sus vidas son tristes y pequeñas. Otros,  son como los gorriones: comienzan lo difícil pero pronto lo abandonan. Ante la dificultad se rinden y acobardan. Son débiles y sus vidas también son tristes y pequeñas. Por último, existen personas que son como las águilas. Poseen metas altas y luchan con esfuerzo para conquistarlas. Cuando fallan no se desaniman y siguen luchando. Son fuertes y valerosas; poseen bravura, coraje y heroísmo. Sus vidas son admirables.

Piensa en ti mismo. ¿Cómo eres? ¿Haces sólo lo fácil y lo que te gusta, o luchas para conquistar cosas difíciles? No des saltos de gallina. Sé como las águilas. Conquista las cumbres más altas. “No vueles  como un ave de corral, cuando puedes subir como las águilas”. Pero, ¿sabes cuál es la meta más importante?

Objetivo.- No quedarse con lo fácil y buscar metas altas.

 

Cultiva Tus Semillas

En la plaza mayor de la ciudad habían abierto una tienda nueva. El rótulo decía REGALOS DE DIOS; Entré. Un ángel atendía a los clientes.

¿Qué es lo que vendes, ángel del Señor? -Vendo cualquier don de Dios.

¿Cobras muy caro? -No los dones de Dios los damos gratis.

Miré los grandes estantes, estaban llenos de ánforas de amor, frascos de fe, bultos de esperanza, cajas de salvación y muchas cosas más.

Yo tenía gran necesidad de todas aquellas cosas.

Cobré valor y le dije al ángel: Dame por favor bastante amor de Dios, dame perdón de Dios, un bulto de esperanza, un frasco de fe y una caja de salvación.

Mucho me sorprendí cuando vi que el ángel de todo lo que yo le había pedido, me había hecho un sólo paquete y el paquete estaba ahí en el mostrador, un paquete tan pequeño como el tamaño de mi corazón.

¿Será posible? -pregunté- ¿Esto es todo?

El ángel me explicó: Es todo, Dios nunca da frutos maduros. él sólo da pequeñas semillas que cada quien debe cultivar.

“La felicidad no está en las cosas materiales que poseas, ni en lo que pienses, ni lo que digas, ni lo que los demás te digan, sino en disfrutar sincera y amorosamente lo que haces”.


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